Mario Levrero, "La novela luminosa"



Autor: Mario Levrero (Uruguay)
Año de publicación: 2005

Obra póstuma del Uruguayo Mario LevreroLa novela luminosa” tiene mucho de testamento vital y quizás menos de novela al uso. Al autor, pocos años antes de morir, se le concedió una beca por parte de la fundación John Simon Guggenheim Foundation con los dineros de la cual pretendía alcanzar el equilibrio monetario necesario para embarcarse en la finalización de una novela inacabada comenzada muchos años antes. “La novela luminosa” cuya versión final constituye la segunda parte del libro. En ella el autor intenta exponer de la manera más clara y sincera posible las diversas experiencias sobrenaturales (por llamarlo de alguna manera) que ha tenido a lo largo de su vida y como estás han influido en su literatura y en la forma de afrontarla.

Pero para mí el peso principal de la novela se lo lleva primera parte de esta, titulada “Diario de una Beca” en la que el autor nos explica a modo de diario, y a lo largo de casi 450 páginas, los esfuerzos diario que realiza durante más de un año para intentar ponerse en la predisposición psicológica necesaria para comenzar la escritura de su novela.

Al final no me queda claro si realmente, “La novela luminosa” que se nos presenta al final del libro, es el resultado de tan tremendo esfuerzo (y hay que leerse la novela para darse verdadera cuenta de hasta que punto puede ser difícil para un escritor encontrar la motivación e inspiración necesaria para ponerse a escribir algo) o si, por lo contrario, y como sucedió con la novela “2666” del Chileno Roberto Bolaño con el que se le compara, el final del libro no es más que la transcripción revisada de lo que al autor ya había escrito en su primer intento. Un recurso editorial vaya.

El autor, consciente de no saberse seguro de poder acabar su novela, decide ir escribiendo cada día un pequeño relato de las experiencias que le van pasando y de sus esfuerzos para alcanzar el estado de ánimo necesario. Y en el transcurso de su relato se va dando cuenta de que el mismo diario puede ser en su estructura una novela, una lección de vida.

La humildad del mismo le lleva a preguntarse constantemente si lo que está escribiendo puede ser de utilidad para alguien e incluso le pide que la lea a algunas de sus amigas para que le orienten en este sentido.
La novela, y como se deduce por la estructura de la misma, no tiene ningún tipo de interés para personas que busquen en un libro diversión y entretenimiento, al menos en el sentido de lo que uno puede pedir a determinados tipos de bestseller.

Más bien se trata de una novela intimista, que seguro que será del máximo disfrute para los amantes de la literatura como oficio, pero que por otro lado, sin duda también puede tener un notable interés para cualquier lector con un mínimo de inquietud.

Lo mejor de ella es la absoluta sinceridad de la que el autor se hace acopio para relatar su día a día. Es increíble como nos desmenuza su quehacer diario dejándonos al descubierto hasta la más mínima de sus debilidades y miserias. Adicto a los valiums, a las computadoras, a las Macros de Visual Basic con las que manipula todos los programas que caen en su mano (como informático de profesión me pareció increíble que un escritor se pudiese dedicar a este tipo de tareas, porque la novela, recordemos en ningún caso es ficción), hipocondriaco reconocido, el autor lucha diariamente para superar su adicción a juegos como el buscaminas intentando encontrar un hueco diario para dedicarse a la escritura.

Rodeado de un montón de amigos y amigas que lo visitan frecuentemente con la intención de sacarlo a pasear y compartir momentos de tertulia con él, el autor hace prácticamente vida nocturna. Se acuesta todos los días a las 6 o 7 de la mañana , para despertarse mas allá de las 15:00 para salir a comprar alguna novela policial a las que también es adicto, o para realizar alguno de los talleres literarios que realiza un par de días por semana, y que le dejan absolutamente agotado por el sobreesfuerzo realizado.

Muchos días le visita su amiga Chl , segundo personaje principal de la novela junto al propio autor, que a veces le trae milanesas para que coma, y a veces no le trae más que nostalgia por la relación sentimental que mantuvo con ella en el pasado y de la que, a pesar de que ya no mantienen relaciones de pareja, no consigue despegarse sentimentalmente.

El libro, en un claro presagio del futuro que le esperaba al autor, está plagado de constantes referencias a la muerte de forma más o menos indirecta. En el transcurso de la escritura de la beca fallecieron varios de los amigos íntimos del autor y la muerte poco a poco se va colando en la novela de una forma absolutamente natural.

Je, je, revisando las últimas reseñas de novelas que he realizado en este blog me doy cuenta de que en las dos últimas he hablado de personajes ancianos y que, de alguna forma u otra, pasan penurias y penas relacionadas con los ordenadores. Será síntoma de que me aproximo a la crisis de los 40 (si es que no la he superado ya) y aun me tengo que lamentar de ser un intruso encadenado a la informática.

Pero como en el caso de Levrero no dispongo de la fuerza ni el valor necesario para desengancharme de ella.

En fin una novela disfrutable dentro de la obviedad de que no se trata de una novela para pasar un buen rato. Esto es como leer a Houellebecq, sabes que tarde o temprano te va a dejar jodido, que va a contarte una verdad de las que no te atreves ni a verbalizar por mucho que la pienses. Nunca me olvidaré de la descripción que hizo de los niños el francés en la primera novela que leí de él (“La posibilidad de una isla” creo que era). No sé ni como me atreví a tener a mi pequeño y querido Martí después de leer aquello. Aunque por supuesto, en los días en los que la paternidad se pone cuesta arriba, siempre me acuerdo de que llegaba a ella avisado.

9 comentarios:

Jose dijo...

Mmm... interesante. Y de qué conocías el autor?

Jose Antonio dijo...

De nada, mi erudicción literaria, a pesar de alguna de las novelas que reseño (que pueden parecer no aptas para el gran público, y más bien reducidas a verdaderos expertos literarios), es realmente nula.

No se si os lo he explicado nunca pero yo tengo un amigo que escribe, de toda la vida. En realidad solo ha publicado un par de libros pequeños, uno de cuentos, y uno de poesía, sin ningún tipo de repercusión, no ha ganado apenas dinero con ello, pero el escribe. Y además yo creo que lo hace muy bien, que es muy bueno, y no solo lo pienso yo, algún escritor reconocido que ha leido cosas de el también lo piensa. Pero simplemente no entra a según que trapos, o no ha tenido la suerte de que nadie le de una ayudita.

Y cada vez que quedo con el, coge dos o tres libros, en la mayoría de veces de autores que desconozco, y me dice leete esto, y yo que soy muy obediente y que confio plenamente en su criterio (después de tantos años recomendandome litertura y hablando de la misma conoce mis gustos mejor que yo, solo tiene que ver en que estado de ánimo estoy y conforme a eso ya me recomienda una cosa u otra), siempre le hago caso. Se puede decir que es mi camello literario.

Así conocí a Levrero, el me dijo, leete este libro y aquí lo he reseñado. Ahora estoy leyendo algo más duro aun, "Submundo" de Don DeLillo, y esa no voy a tener narices a reseñarla. Se escapa bastante a mi capacidad lectora, y mucho más a la reseñadora. Sería para mí como intentar reseñar "Rayuela". Sería una falta de respeto para el autor. Como resumir de que va "Submundo" para una persona con mi capacidad escritora luna. Imposible!!!

Jose Antonio dijo...

Por cierto, un abrazo Sergi!!!!! Mi camello particular!!!

Jose dijo...

"Camello literario" :)

Anónimo dijo...

La novela luminosa

Cdlv dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cdlv dijo...

Esta novela la reservo para leerla en un viaje que voy a hacer, ya esta en la valija.

Acabo de terminar "trilogía Involuntaria" y me pareció demencialmente buena.

No hay exageración cuando se dice que Levrero ya forma parte de los grandes de la literatura latinoamericana: Borges,Piglia,Onetti,Aira Etc

Lorea dijo...

Yo conozco a Levrero muy poco y sólo de oídas pero creo que me basta con saber que recuerda a Houellebecq.
No sé qué tiene este francés que a pesar de hacerte revolverte con él en el fango de su angustia, una vez que coges uno de sus libros no puedes dejarlo.Yo diría que es porque siempre deja entrever una pequeña (pequeñísima) luz al final del túnel:
"... EXISTE EN MITAD DEL TIEMPO LA POSIBILIDAD DE UNA ISLA".

Si Levrero se parece a eso, disfrutemos todos de él.

Jose Antonio dijo...

Je, je, veo que no soy al único al que le gusta Houellebecq. Bueno yo citaba a este autor en la reseña como queriendo decir que es un tipo de literatura duro, crudo, donde no nos venden la moto con vanalidades, pero en realidad el estilo se parece más bien poco. Houellebeck es quizás más ameno, cuesta menos de leer. Pero vaya, que Levrero tambien es muy recomendable.